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Antes de gastar en anuncios

La imagen que lo explica todo

El embudo con agujeros

Muestra gratuita25 puntos

Pagar anuncios para llevar gente a una web que no convierte es llenar de agua un cubo agujereado. Cuanta más agua echas, más se pierde.

1.000 visitas 300 leen la oferta 40 rellenan el formulario 6 compran −700 −260 −34
Duplicar las visitas cuesta el doble. Duplicar la conversión es gratis y multiplica igual.

Si de 1.000 visitas compran 6, doblar el gasto te da 12. Pero pasar de 6 a 12 arreglando la web no cuesta nada al mes siguiente, ni al otro.

Un caso: una tienda pagaba 600 € al mes y sacaba 6 ventas de cada 1.000 visitas. En vez de subir a 1.200 €, reescribió la primera pantalla para que dijera qué vendía en tres segundos. Pasó a 11 ventas por cada 1.000 visitas, con el mismo gasto. El arreglo se hizo una vez; el resultado se repite cada mes. Al cabo de un año, esas cinco ventas de más al mes son sesenta clientes que la subida de presupuesto habría cobrado doce veces.

Dónde están los agujeros

Cada paso del embudo pierde gente por el mismo motivo. Antes de pagar por más visitas, mira dónde se te escapan las que ya tienes.

  1. Llegan pero no leen. La primera pantalla no dice en tres segundos qué vendes ni para quién.
  2. Leen pero no rellenan. El formulario pide demasiado o no queda claro qué gana quien lo envía.
  3. Rellenan pero no compran. Falta una prueba de que eres de fiar, o el precio aparece sin contexto.
Antes 6 Después 11 mismas 1.000 visitas · mismo gasto
Tapar el agujero más grande sube las ventas sin tocar la factura del anuncio.

Tapar un solo agujero, el más grande, suele rendir más que subir el presupuesto un mes entero. Y no se paga otra vez.

Cuándo no: si casi nadie llega a tu web —cien visitas al mes—, no hay embudo que arreglar: el agujero es que no entra agua. Ahí toca primero conseguir visitas. Arreglar la conversión rinde cuando ya hay tráfico que se está perdiendo.

Por eso este curso empieza por el embudo y no por los anuncios. El orden importa más que el presupuesto.

Pero antes de tapar nada hay que saber medirlo. En la siguiente lección están los cuatro números que deciden si un anuncio sale a cuenta.