Escribes una página para tu servicio y sale sola: lo que haces, cómo lo haces, cuántos años llevas. Todo cierto. Y no vende. El problema no es el texto: es que hablas del producto, y a quien lee el producto le da exactamente igual.
Quien te lee tiene una sola pregunta en la cabeza, y es siempre la misma: ¿qué gano yo con esto? Nadie quiere una taladradora, quiere un agujero en la pared. Nadie quiere tu curso de seis módulos, quiere dejar de sentirse perdido. La característica es lo que el producto es. El beneficio es lo que la persona consigue. Y solo lo segundo mueve.
Característica
«Copias de seguridad automáticas cada hora.» Cierto, y a nadie mueve.
Beneficio
«No vuelves a perder un archivo, pase lo que pase.» La misma frase, girada hacia la persona.
Depender del boca a boca es depender de que otro cuente, y mal, la historia que tú no aprendiste a contar. Escribir para vender es dejar de necesitarlo: tu texto hace el trabajo mientras duermes, en una página a la que se llega a las tres de la mañana.
Escribe la frase y pregúntate: ¿esto es lo que hago yo, o es lo que gana quien lee? Si es lo primero, gírala.
En las siguientes lecciones montamos ese giro pieza a pieza. Y empieza donde empieza todo: el titular, lo primero y casi lo único que se lee.